Va a hacer tres años que lamari y yo vivimos en Huertas. No deja de ser irónico que vivamos al lado de donde trabaja el blogger de citroen, aunque nunca hayamos visto su "flamante ds3". Esto es extraño, porque conduce un coche amarillo y negro, es decir, se vería a la legua, pero por más que miro y remiro, del coche ni rastro. En su último post, titulado U.A.U.(?), y con cero comentarios, el blogger de citroen comenta toda una serie de detalles técnicos infumables sobre el ds3 R, que es como un pepino de doscientos y pico c.v. con ruedas, limitado a 1.000 unidades, y dice que quiere probar uno. Pues muy bien, chaval...;
El último libro que me estoy leyendo se titula "será mejor que lo cuentes". Es un libro que versa sobre el storytelling o el arte de narrar historias. De lo que llevo leido hasta ahora, que es poco, me ha quedado claro un concepto: cuando escribas algo, sea del tipo que sea, una presentación para el trabajo, una idea de negocio para futuros inversores, o una conferencia especializada, tienes que aludir al componente emocional de quien te escucha o quien te lee. Hay otro concepto que me gusta de este libro: la economía de la atención. Lo que viene a decir es que el emisor del mensaje ya no manda como antaño, sino que ahora manda el receptor. La época en la que vivimos, en la que todo va rápido, en la que todo el mundo tiene acceso a todo tipo de información, y más que nunca "el tiempo es oro", el oyente o el lector es el que dicta el tiempo del que dispones "mira tío, si quieres que te escuche, si quieres que te lea, me tienes que dar algo super guay, super chulo, algo que me encandile desde un primer momento, porque...¿sabes una cosa? ando estresado de acá para allá, y no tengo tiempo para perderlo si no aportas nada a mi existencia". Supongo que, por esta razón, cuando yo le digo a lamari "tienes que leerte el último post de este tío, porque ya no sé si soy yo que estoy encelado, o es que es verdaderamente un coñazo", ella responde con pretendida indiferencia: "paso..."; Yo lo leo como ejercicio de "documentación", para ponerlo luego a parir, vamos, pero...ME ABURRE TANTO...;
Si el storytelling dice que tienes que tocar las emociones del receptor, esto es algo que debería saber y controlar un director creativo. Entonces...¿qué emociones me van a despertar unas llantas? (esto no es un gag recurrente, es que vuelve a hacerlo, vuelve a hablar de llantas) ¿y un motor no sé qué?¿y una secuencia de cambios achilipú?; no digo yo que no cuente todo esto, porque entiendo que quizás deba hacerlo, pero que lo haga de tal forma que resulte atractiva ¿no?. Es que para coger los detalles técnicos del coche y enumerarlos de P a Pa, vale cualquiera, la gracia está en contar esto dándole vivencia. Que el chico es empresario y trabaja mucho y no tiene tiempo para postear, pues que hubieran elegido a un parado, que ya te digo yo, querido lector, que hay mucha gente en paro que sabe escribir muy bien (lamari). O...qué te voy a decir, un psicólogo que disponga de las mañanas libres...y pueda tomarse su tiempo para postear, que por 3.000 al mes, dejo de lado unas cuantas cosas y posteo a tutiplén.
Ya no sé qué decir. Ya no tengo ni rabia. Es una suerte de incredulidad mezclada con desesperanza, que me deja abatido durante un tiempo y sin ganas de luchar por nada. Es una especie de ¿para qué? si el mundo está como las maracas de Antonio Machín, si no se pueden codificar las claves para hacer bien las cosas. Esto último igual no es lo más acertado, porque las cosas las puedes hacer bien, pero siempre hay alguien que dictamina qué es lo bueno y qué es lo malo.
Desde hace aproximadamente un mes, hay un concurso literario de microrrelatos en www.revistaparaleer.com. No puedes escribir más de 480 caracteres incluyendo la firma. Reciben los trabajos durante una semana, y luego hay un jurado que vota el mejor de la semana entre los cientos y cientos recibidos. Cada semana hay un ganador y 9 finalistas, y al final del todo, una serie de escritores consagrados elegirán al mejor de entre todos los ganadores y finalistas. De vez en cuando le echo un ojillo a los distintos microrrelatos, y hay algunos que están bien. Uno, que quedó finalista me encantó. Sin embargo, es los lunes por la noche cuando me siento tranquilamente a ver el ganador de la semana y los finalistas y... (no me salen las palabras). La semana pasada la ganadora era bonaerense, y el de esta semana acaba con un "rumiaba un tango". Esto me huele a argentinos entre los que eligen. Y está bien, no digo que los argentinos no sean buenos escribiendo ni nada por el estilo porque no es plan de generalizar, pero...esos relatos...mamma mía. Igual es que yo me estoy volviendo gilipollas paulatinamente, que pudiera ser, y entonces no encajo en este mundo y todo lo que aprendí de literatura no vale de nada. Y entonces todos mis escritores favoritos: Javier Marías, Juan José Millás, Houellebecq, Kureishi, Oé, Chejov, Baricco, Mendoza, etc, no ganarían jamás algo tan básico como un concurso de estas características.
Tutorial para ganar este concurso:
- Escribe como si fuera un Haiku: El oso pito pitita/ el orangután pita pitote/ rumiaba un tango.
- Escribe muchas palabras ininteligibles juntas: La ininteligible epistemología de Sucinto Parco, se derramó ambivalentemente por la alexitímica relación cognoscitiva que subrayaron en la judicatura antagónica de antaño. El diezmo de ambos se diezmó, y el marco referencial del agravio lábil como el maníaco depresivo que me increpó, satisfizo la hipotenusa de la abulia que presidía sus know how constructivistas.
- Pase lo que pase, el final siempre es un suicidio: ...decidió tirarse por la ventana;...es cuando se dió cuenta de que se había volado la tapa de los sesos;...No pudo aguantar más, cogió un bisturí y el rojo de sus venas tiñó la alfombra blanca del salón; ...Cuando el marido llegó a casa, se dió cuenta de que el botiquín estaba abierto y no quedaba ni un barbitúrico en su sitio; ...cuando pasó por delante de la ventana, vio que los pies de Amelia estaban suspendidos en mitad de la estancia, y estaba claro que Amelia no sabía levitar...
- Utiliza siempre la palabra sexo en lugar de coño o vagina.
- Utiliza siempre la palabra entrepierna en lugar de polla o pene.
- Bajo ningún concepto hagas gala de una escritura clara, concisa y directa. Enrédate y no hagas el esfuerzo por desenredarte. No seas obvio que eso es de mal gusto y deja entrever claramente que no sabes escribir.
- Por último, esto también parece ser importante, abusa del punto y seguido para intercalar palabras al tun tún. Proyecto de relato ganador. Por ejemplo: Desperté de madrugada desorientado. Angustia. Miré el despertador y descubrí que aún faltaban 3 horas para que sonara. Frío. Escuché unos ruidos extraños en el jardín. Miedo. Me palpé la entepierna pensando en su sexo. Excitación. Fuí consciente de la levedad encomiable que subyacía en lo heterodoxo de la infranqueable vicisitud holística de la hetérea parafilia que nos granjeaba la astenia. Desesperanza. No pude más, miré el retrato de larra que presidía mi despacho, incliné la cabeza, y a ritmo de TANGO -importante- me descerrajé un tiro que tiñó de rojo la estancia. Muerte.
Olé, mis cojones.
En fin, me cojo a Meloncete que sí que está bien hecho, bien construido, bien estructurado. Que es simple, sin pretensiones ni llantas (voy a abrirme un grupo en facebook: soy fan de los tapacubos porque no entiendo para qué sirven las llantas), y me voy a dar una vuelta para meditar sobre qué es lo que está bien y qué es lo que falla en este mundo.
Larga vida al blogger de citroen y los ganadores del concurso de microrrelatos. Fin.
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martes, 25 de mayo de 2010
lunes, 19 de abril de 2010
El contrato del año: Opel Astra ranchera; MI PRIMERA VEZ
Mi primera vez fue a los 15 años. Ni siquiera tenía carnet de conducir. Fue más fácil que aprobar el práctico (y eso que lo aprobé a la primera), estaba menos nervioso, y fue muuuuucho menos gratificante. Sin embargo, creo que me estoy desviando del tema.
El blogger de citroen, postea casi tan rápido como debe ir el ds3. Como tenga que postear yo a la velocidad máxima a la que puede ir mi melonera, voy de cráneo contra un muro. No obstante voy a intentar sacarle el mayor rendimiento a mis pistones digitales y mis bujías cerebrales.
Recuerdo la primera vez que me topé con mi Opel Astra Ranchera (como esto es muy largo de escribir, de ahora en adelante vamos a llamarlo Meloncete). Repetimos: Recuerdo la primera vez que me topé con Meloncete. No hacía mucho tiempo que salía con Lamari y quedamos en La Latina. Tampoco tenía yo mucha experiencia en la conducción, pues me saqué el carnet toda vez que acabé la licenciatura. A Lamari no le gustaba conducir -de hecho sigue sin gustarle- y me pidió que si podía aparcarle bien el coche, que lo había dejado subido a la acera. Como macho ibérico que soy, le dije que sin problemas, pero tragaba saliva presa del pánico.
Me encaminé hacia la calle en cuestión en compañía de lamari y mi amigo C. Delante de mí apareció Meloncete. Meloncete se me antojó un gigante de proporciones despiadadas, máxime cuando estaba "aparcado" en una calle de proporciones encanijadas. Meloncete no me despertó ningún amor a primera vista, es más, me pareció uno de los coches más feos que había visto en mi vida, y es que nunca me han gustado las rancheras. Que no se me enoje la malograda Rocío Durcal que la cosa no va por ahí, sino por ese tosco modelo genérico de automóvil, que parece el engendro de un contenedor con una rueda.
Por aquella época había yo heredado un Ford Escort del 94. No tenía ni elevalunas eléctrico, ni cierre centralizado, ni aire acondicionado, y la dirección estaba asistida por mis hercúleos brazos. Si el coche estaba parado, no había quien moviera el volante. Recuerdo un día de agosto, intentando aparcar en una calle estrecha, en el que debí perder 4 kilos en 5 minutos. Era lo único positivo de aquel coche. Bueno, y el consumo, que yo no sé, como hacen los expertos, medirlo en litros a los 100, sino en "duritos a los kilómetros", es decir, el Ford consumía 55 € cada 900 kilómetros. Es lo que me gastó de aquí a Bilbao y vuelta, que todo sea dicho de paso, iba con la L, y fiel cumplidor de las normas, no pasé de 80Km/h. Tenía que meter cuarta, e incluso tercera, cuando la Autovía se ponía cuesta arriba. Qué despropósito!!!
Que me voy otra vez. Meloncete. Meloncete debió ver en mi cara una mueca de horror la primera vez que lo vi, con su rueda derecha trasera (con tapacubos, nada de llantas de no sé cuántas pulgadas. ¿Qué es eso?¿Cuánto es una pulgada?¿por qué la gente dice tengo llantas de aleación de 17 pulgadas?¿De qué es la aleación?¿cuánto son 17 pulgadas? y lo más importante ¿eso cómo infliye en la conducción? ¿o es sólo por estética? Si alguien me resuelve estas cuestiones, se lo agradecería) subida a la acera. Él, con sus faros grandes y cuadrados, pareció mirarme como diciendo ¿Tú me vas a conducir a partir de ahora? Pues me da a mí, amigo mío, que nos vamos a salir de Málaga para meternos en malagón. Puso una mueca de resiganción en su capó. Yo miré a C., torcí la boca y entendió. "Yo lo coloco si no os importa" -dijo seguro de sí-. Meloncete pareció flexibilizar la expresión de su capó. C. se introdujo en el coche, alivió la presión que Meloncete sentía en la rueda mencionada, giró y regiró el volante en dos golpes maestros, y Meloncete suspiró y guiñó un faro a C.
C. salió del coche y me comentó que Meloncete era noble. Que se comportaba bien y, que a pesar de su monstruosa estética, era fácil manejarlo. Yo miré a Meloncete, pero él parecía silbar y mirar hacia otro lado ignorándome. Definitivamente, aquello no fue un amor a primera vista.
Deambulamos por La Latina. Sábado noche y la fiebre era toda mía de pensar que en unas horas iba tener que llevar a Meloncete a casa de Lamari. Era incapaz de relajarme. No Gin Tonics porque soy abstemio, pero si no lo hubiera sido, no creo que la bebida de la reina madre hubiera sido algo que contribuyera a fortalecer la relación entre Meloncete y servidor.
Y llegó el momento de la partida. Y allí estaba yo, con una llave con botones para abrir y cerrar en la distancia. Meloncete arqueó la parte superior de los faros y frunció el capó, mostrando ora temor, ora sorpresa.
Abrí la puerta. Me senté. Recordé aquel acrónimo que mi profesor de autoescuela me enseñó: CAFE: Cinturón, Asiento, Freno de mano, y Espejos. Coloqué todo lo que hay que colocar. Jugueteé con los elevalunas eléctricos como dilatando el momento. Le pregunté a Lamari por el cuadro de mandos. ¿He dicho pregunté? quise decir grité histérico que donde estaban las luces ¿Y las luces!!!!!? Ay, dios mío, qué desastre, esto no tiene luces!!! Lamari me miraba contrariada y suavemente me indicó una ruedecita a la izquierda del volante "Aquí, aquí están las luces". Suspiré, puse cara de idiota, sonreí forzadamente, y balbuceé: Es que en el Ford estaban donde los intermitentes.
Le dí al contacto...y aquello fue el inicio de un amor entre Meloncete y yo, construido a base de viajes, mudanzas, trasiegos por Madrid, y sobre todo, MUCHAS VISITAS A Ikea...
Aquella fue mi primera vez.
El blogger de citroen, postea casi tan rápido como debe ir el ds3. Como tenga que postear yo a la velocidad máxima a la que puede ir mi melonera, voy de cráneo contra un muro. No obstante voy a intentar sacarle el mayor rendimiento a mis pistones digitales y mis bujías cerebrales.
Recuerdo la primera vez que me topé con mi Opel Astra Ranchera (como esto es muy largo de escribir, de ahora en adelante vamos a llamarlo Meloncete). Repetimos: Recuerdo la primera vez que me topé con Meloncete. No hacía mucho tiempo que salía con Lamari y quedamos en La Latina. Tampoco tenía yo mucha experiencia en la conducción, pues me saqué el carnet toda vez que acabé la licenciatura. A Lamari no le gustaba conducir -de hecho sigue sin gustarle- y me pidió que si podía aparcarle bien el coche, que lo había dejado subido a la acera. Como macho ibérico que soy, le dije que sin problemas, pero tragaba saliva presa del pánico.
Me encaminé hacia la calle en cuestión en compañía de lamari y mi amigo C. Delante de mí apareció Meloncete. Meloncete se me antojó un gigante de proporciones despiadadas, máxime cuando estaba "aparcado" en una calle de proporciones encanijadas. Meloncete no me despertó ningún amor a primera vista, es más, me pareció uno de los coches más feos que había visto en mi vida, y es que nunca me han gustado las rancheras. Que no se me enoje la malograda Rocío Durcal que la cosa no va por ahí, sino por ese tosco modelo genérico de automóvil, que parece el engendro de un contenedor con una rueda.
Por aquella época había yo heredado un Ford Escort del 94. No tenía ni elevalunas eléctrico, ni cierre centralizado, ni aire acondicionado, y la dirección estaba asistida por mis hercúleos brazos. Si el coche estaba parado, no había quien moviera el volante. Recuerdo un día de agosto, intentando aparcar en una calle estrecha, en el que debí perder 4 kilos en 5 minutos. Era lo único positivo de aquel coche. Bueno, y el consumo, que yo no sé, como hacen los expertos, medirlo en litros a los 100, sino en "duritos a los kilómetros", es decir, el Ford consumía 55 € cada 900 kilómetros. Es lo que me gastó de aquí a Bilbao y vuelta, que todo sea dicho de paso, iba con la L, y fiel cumplidor de las normas, no pasé de 80Km/h. Tenía que meter cuarta, e incluso tercera, cuando la Autovía se ponía cuesta arriba. Qué despropósito!!!
Que me voy otra vez. Meloncete. Meloncete debió ver en mi cara una mueca de horror la primera vez que lo vi, con su rueda derecha trasera (con tapacubos, nada de llantas de no sé cuántas pulgadas. ¿Qué es eso?¿Cuánto es una pulgada?¿por qué la gente dice tengo llantas de aleación de 17 pulgadas?¿De qué es la aleación?¿cuánto son 17 pulgadas? y lo más importante ¿eso cómo infliye en la conducción? ¿o es sólo por estética? Si alguien me resuelve estas cuestiones, se lo agradecería) subida a la acera. Él, con sus faros grandes y cuadrados, pareció mirarme como diciendo ¿Tú me vas a conducir a partir de ahora? Pues me da a mí, amigo mío, que nos vamos a salir de Málaga para meternos en malagón. Puso una mueca de resiganción en su capó. Yo miré a C., torcí la boca y entendió. "Yo lo coloco si no os importa" -dijo seguro de sí-. Meloncete pareció flexibilizar la expresión de su capó. C. se introdujo en el coche, alivió la presión que Meloncete sentía en la rueda mencionada, giró y regiró el volante en dos golpes maestros, y Meloncete suspiró y guiñó un faro a C.
C. salió del coche y me comentó que Meloncete era noble. Que se comportaba bien y, que a pesar de su monstruosa estética, era fácil manejarlo. Yo miré a Meloncete, pero él parecía silbar y mirar hacia otro lado ignorándome. Definitivamente, aquello no fue un amor a primera vista.
Deambulamos por La Latina. Sábado noche y la fiebre era toda mía de pensar que en unas horas iba tener que llevar a Meloncete a casa de Lamari. Era incapaz de relajarme. No Gin Tonics porque soy abstemio, pero si no lo hubiera sido, no creo que la bebida de la reina madre hubiera sido algo que contribuyera a fortalecer la relación entre Meloncete y servidor.
Y llegó el momento de la partida. Y allí estaba yo, con una llave con botones para abrir y cerrar en la distancia. Meloncete arqueó la parte superior de los faros y frunció el capó, mostrando ora temor, ora sorpresa.
Abrí la puerta. Me senté. Recordé aquel acrónimo que mi profesor de autoescuela me enseñó: CAFE: Cinturón, Asiento, Freno de mano, y Espejos. Coloqué todo lo que hay que colocar. Jugueteé con los elevalunas eléctricos como dilatando el momento. Le pregunté a Lamari por el cuadro de mandos. ¿He dicho pregunté? quise decir grité histérico que donde estaban las luces ¿Y las luces!!!!!? Ay, dios mío, qué desastre, esto no tiene luces!!! Lamari me miraba contrariada y suavemente me indicó una ruedecita a la izquierda del volante "Aquí, aquí están las luces". Suspiré, puse cara de idiota, sonreí forzadamente, y balbuceé: Es que en el Ford estaban donde los intermitentes.
Le dí al contacto...y aquello fue el inicio de un amor entre Meloncete y yo, construido a base de viajes, mudanzas, trasiegos por Madrid, y sobre todo, MUCHAS VISITAS A Ikea...
Aquella fue mi primera vez.
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